Si se paga una extorsión, el hecho se puede repetir

Extorsión“Sabemos que tiene dos hijos, donde viven y donde estudian. Tenemos la dirección de su trabajo y sabemos todos sus movimientos… así que colabore y páguenos”.

Los datos que aportan estos individuos en principio parecen precisos por eso, la persona que recibe la llamada tiene razones suficientes para aterrarse y hasta acceder a sus peticiones.

¿Pero… qué se puede hacer? Al respecto hay diversas opiniones de expertos que aconsejan que al recibir la llamada hay que desconectarse y no entrar en negociaciones porque esto puede conducir a situaciones mucho más críticas; por supuesto que no se deben soslayar estas amenazas y se debe asumir de inmediato el perfil de seguridad, rompiendo rutinas, buscando protección adicional, ausentándose por un tiempo, etc., y sobre todo, no respondiendo a nuevas llamadas que provengan de esos números. No hay que entrar en conversaciones ni buscar negociar con estas personas.

Por lo general los extorsionadores en las ciudades no disponen ni de la logística ni de la capacidad para perpetrar sus amenazas, sin embargo, insistimos que hay que tomar medidas y no pagar pues al hacerlo se está garantizando que los timadores no le dejarán tranquilo hasta “drenarlo” por completo.

Un alto porcentaje de las llamadas extorsivas que se producen en ciudades como Caracas, Valencia, Barquisimeto, Maracaibo y Puerto Ordaz, provienen de maleantes que están cumpliendo condena en penales, estos suelen buscar la información en periódicos y revistas donde se presentan avisos comerciales y clasificados, luego llaman a los números locales primero haciéndose pasar por otras personas y buscan la manera de conseguir información básica de la familia. Sus cómplices “involuntarios”, por lo general, son los empleados domésticos o secretarias quienes liberan información valiosa para el extorsionador. Más adelante, los maleantes se comunican directamente con la persona que quieren extorsionar y piden que adquieran montos importantes en tarjetas telefónicas y les pasen los códigos con la excusa de que llamarán desde otros números para no ser descubiertos.

Personas que han sido víctimas de esta modalidad, han pagado miles de bolívares en tarjetas telefónicas. Con esos códigos los reos le cargan saldos a sus teléfonos celulares y venden las llamadas dentro de las cárceles.

Además de esta modalidad, también está la que se origina por la participación de personas muy cercanas a la víctima potencial, pues conoce sus intereses económicos, lugares que frecuenta, vida sentimental y aspectos de la intimidad familiar, información que va suministrando a los extorsionadores.

Muchos son los casos donde las autoridades han detectado que domésticas con años de servicio y muy queridas por la familia se han prestado para suministrar información, bajo amenazas de diferente índole o por simple interés económico.

En casos como estos, la recomendación nuevamente es “desconectarse”, no responder llamadas de números desconocidos y subir el perfil de seguridad, buscar consejo profesional y dependiendo de la gravedad, reportarlo a entes especializados como los GAES; si la situación persiste por otras vías, es evidente que alguien muy cercano sigue proporcionando información vital.

Como medida preventiva, es importante entrenar a la familia, al personal doméstico y a otros empleados para que no den información sin autorización del jefe de familia y que registren e informen a éste cuando algún requerimiento de este tipo se presente.

Fuente: El Universal

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